jueves, 22 de enero de 2015

Te paso el dato

He estado dando data,
de cómo en ciertos estados
creemos que en realidad somos eso;
es decir
como para bien o para mal
nos creemos algo, solo porque sí.
 He estado dando data,
de que el dato existe
y que le pasó al amigo de un amigo,
que le contó al padre
que a su vez me contó a mi
que se enamoró de una mujer una vez
que pensó saber que era amar
que pensó tener todas las respuestas,
hasta que ella se marchó.
Ahora él es el amigo del amigo de alguien
que sabe
que en el amor no hay respuestas
solo nos preguntamos
¿en verdad amamos?

sábado, 17 de enero de 2015

Mi objeto personal

Yo... yo no hago obsequios.
Hace un tiempo ya conocí a esta chica, a esta mujer diría yo, aunque hay quienes le dicen niña... en fin, conocí a esta mujer, esta hermosa e increíble mujer que me cautivó hasta lo profundo de mis huesos, hasta ese lugar que pensé que los humanos no llegaban, hasta ahí la quise. Esta mujer, esta increíble mujer con la cual había puesto todos mis sueños, esperanzas y planes, con la cual soñé y quise un futuro alterno y divertido, esta mujer que hacía que las mañanas fueran tardes y viceversa, a esta mujer un día le ofrendé un obsequio.
Un lindo día de sol decidimos hacer la transacción, fue algo que no planeamos, simplemente se dio. Ella... ella me miró a los ojos, sonrió de una manera tan extraña... de la manera en que los ángeles sonríen en mi imaginación; entonces de algún lado sacó una caja, una de esas cajas labradas trabajosamente, una caja hermosa, llena de ribetes y flores, digna de una jerarquía; yo por mi parte tenía otra caja en mis manos, tenía su regalo. Mis manos sostenían otra caja, una caja dorada, hermosa, llena de diseños arduamente trabajados y pensados, una caja (no es por nada) pero claramente mas vistosa que la suya; entonces le di mi obsequio.
Dentro de la caja le esperaba el regalo mas hermoso que cualquier ser humano te puede ofrendar, le regalé mi objeto. Ese objeto propio que es de uno solo, ese objeto que no te define de mejor manera, le regalé mi objeto; ella por mientras me miraba a los ojos, muy lentamente tomó la caja con una sonrisa, y muy de a poco, en una increíble cámara lenta, abrió la tapa de la caja; dentro como esperando por salir estaba mi objeto. Tomó con sus dos manos de dedos blancos y uñas cortas el objeto, dejando a un lado la caja, sonrió y lo observó. Mi objeto era tan perfecto... la mejor obra de los dioses, se lo ofrendé para que lo cuidara, para que hiciera un lindo o mejor trabajo que yo, ella juró cuidarlo, juró atesorarlo como si valiera un millón de vidas, me lo dijo mientras miraba directo a mis ojos, mientras sostenía mi objeto.
Debo confesar que yo no confiaba aún, y mis manos estaban debajo de las suyas, como esperando que si por error se le caía, yo aún podría sostenerlo. Entonces un día saqué las manos, sentí que ella realmente lo estaba cuidando, realmente estaba haciendo un buen trabajo, confié en ella. Con todo su encanto y valor, siguió mirando directo a mis ojos y entonces... lo dejó caer. No fue un error, no se le cayó sin querer, no fue un resbalón, ella lo tiró, lo tiró mientras me miraba a los ojos y vio como caía y no hizo nada para detenerlo. Mi objeto cayó y lo vi caer, vi toda su completa trayectoria a hacerse trizas en el suelo, vi como ella destruyó mi objeto mas preciado y huyó cual cobarde.
Ustedes dirán que corrí tras él a juntarlo ¿no? pues crean que corrí en dirección opuesta y lo dejé, simplemente lo dejé a ahí tirado, mientras se desvanecía con el tiempo y el viento, mientras los grandes y pequeños pedazos que habían quedado de él, se revolvían entre la tierra y el terreno viscoso. Me fui, huí de ahí, simplemente porque es más fácil perderse de la realidad que juntar los pedazos rotos de algo que no funciona, realmente me fuí y no volví a pensar en él nunca más, fui a recorrer otras tierras y encontrar otros tesoros; hasta que un día una linda muchacha me miró a los ojos y sacó una caja hermosa, me dijo que era un regalo, un regalo muy gustoso, mientras me miraba firme y decidida, ella tomo la caja por un extremo y abrió la tapa... vi su objeto, no era tan lindo, pero igual yo nunca lo quise, así que cerré la tapa de un golpe y me largué a correr.
Corrí cuantas millas imagines, crucé cuantos lagos quieras... hasta que llegué. Llegué al lugar del destello, al lugar donde había pasado una tragedia, un asesinato, un homicidio; llegué al lugar donde mi objeto estaba tirado, desparramado entre la viscosidad y entre la mugre, entre el olvido y el temor. Me arrodillé frente a él, abrí la caja y junté todos los pedazos que pude encontrar, ya que había llegado un poco tarde y el viento se había llevado a las partes más pequeñas, y habían otras que ya eran polvo, así que tomé lo que pude y simplemente me fui, y me fui a mi lugar en el mundo con mi caja, con mi objeto.
Dediqué cada esfuerzo en reponerlo, trabajé día y noche, jamas había estado tan cansada que en ese momento... todas las noches me dormía llorando, pidiendo una respuesta, pidiendo un porqué. Terminé de juntar las partes y todos los días me dediqué a él y nadie más, me dediqué en cautivarlo, en cultivarlo, en descubrir sus maravillas ocultas, me dediqué a escucharlo y ser él; descubrí que los objetos tienen el poder de crecer, de regenerarse, tienen el poder de curar y sanar. Lo guardé nuevamente mientras él se seguía regenerando, y ahora de vez en cuando me gusta visitarlo, y ver como está; él... no está igual que antes, hubieron partes que se perdieron, que al caerse se rompieron en partes tan pequeñas que me fue imposible encontrarlas, partes que a estas alturas deben estar hechas polvo.
Mi objeto nunca más será ofrendado, porque aprendí que hay otras cosas, otro tipo de objetos que se pueden ofrendar. Encontré... encontré a esta mujer que entiende de lo que hablo, que entiende que los objetos propios son eso, propios, que no se ofrendan ni se regalan; esta mujer quiere y acepta mis otros objetos tal cual yo se los obsequio, y por ahora se los confío muy bien, ella a demostrado ser una excelente guardiana de ellos, así como yo creo ser una muy buena cuidadora de los suyos.
En cuanto a mi único y personal objeto... está guardado en un lugar lejano, dentro de una caja muy fea, de esas que nadie quiere abrir, que dentro tiene esta caja dorada con colores labrados hermosamente, que contiene mi objeto, mi roto, pegado y sanado objeto.