lunes, 28 de abril de 2014

No quiero pupilas dilatadas

Me gustaba ver sus ojos reflejados en sus manos
como componía sin ser más que nada,
la amé al punto de olvidarme de mi existencia,
el amor enfermizo me hizo creer que todo lo que veía
eran sus ojos reflejados en sus manos,
era todo lo que valía.
Llegué a soportar la muerte de su inexistencia actual
y colaborar en su muerte mental,
en no dejar que su muerte actual
la dejara llevar,
colaboré en todo eso que dije que jamás haría,
llegué al punto de comisura total
donde se creé que la carne de uno
es la carne del otro
donde se deja de ser uno
para ser dos,
una especie de mezcolanza asquerosa.
Quedé sesgada en el recuerdo de cada lágrima
y de cada gota de sangre
quedé aplastada contra la pared 
con el corazón más que partido, inexistente
quedé sola
varada en una calle sin saber para donde correr,
ya no veía esos rizos que seguir nunca más.
Cada día me pregunto que será de su vida,
cuando mi vida se ve frente a algún recuerdo
y lo único que me pregunto
es 
¿cómo dos personas, que fueron carne de la otra
de un día para otro
son extraños que no se miran a los ojos?
Es que si de algo que estoy segura,
es que no quiero ver sus ojos nunca más.
No quiero ver recuerdos clonados disfrazados de cumpleaños
ni festejos mentirosos de alcancías llenas,
no quiero recuerdar como sabía
ni como tocaba,
no quiero ver parecidos ni auténticos,
no quiero ver sus ojos nunca más.

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