martes, 10 de septiembre de 2013

Extracto

(...) Nos fuimos apartando poco a poco entre narcóticos y las ganas de conocernos en profundidad, y así nuestro destino de esa noche, fue marcado para donde duermen los barcos, y las velas zarpan de día. Entre piedras y rocas, nos fuimos quedando un poco más en confianza, y así, con una simple mirada, entre apuestas de niñas, me diste un beso en la mejilla, un beso casi corrido que casi toca mis labios, y en ese micro instante, dónde duró casi una vida, te miré los ojos, tomé fuerte tu cara y te dí un glorioso y esperado beso en los labios.
Ese beso me transportó, y de repente ya no estaba más en aquel puerto, ni estaba el agua, ni había gente que pasaba, ni están las luces de los faroles, ya no sentía la dura piedra en la que estaba sentada, solo sentía tus labios. Esos labios gloriosos que al fin habían encontrado el camino hacía los míos, ese par de insaciables trozos de azúcar, que no querían dejar la cafeína que mi boca producía. Y nos besamos, agarradas la una a la otra, como si de ese beso dependiera la vida, como si nos separásemos en ese momento, el fin del mundo llegaría. Nos besamos sin saber, sin anunciar y sin procurar, que de esos besos viviríamos.

Y nuestra magia se encendió en ese instante, dónde supimos que ya estaba, que lo nuestro era ahora, que ese día, ese verano y ese lugar, marcaban un antes y un después en nuestras vidas. (...)

                                                                                                             Veinte vidas

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