sábado, 16 de junio de 2012

Veinticuatro horas

A la noche los pájaros no cantan, pero yo si. Te cantaba todas las noches para que pudieras dormir, tranquila, pacifica, deslumbrada; y yo, yo te imaginaba a vos, con tus ojos cerrados, pensando en quien sabe qué. Vos. Vos ahí, tranquila y pacifica, la que me calmaba, la que quería, la creo que quiero. Vos.

A la noche salimos a ver el mundo, recorriendo en el nuestro una parte terrenal del resto, y nos reímos tanto, y rememoramos tanto que cuatro o cinco días parecen nada al darme cuenta que tenemos que volver a nuestra verdad. Soy esclava de tus sentimientos, de tus pensamientos, soy esclava de lo que quieras que haga, lo voy a hacer.

A la mañana, me llamabas con una dulce voz que inventabas para que no me diera cuenta que no habías dormido nada y no empezara a cuestionarte cosas. Me despertabas con un saludo dulce y un café amargo imaginario en tus manos. Siempre la misma frase, siempre me decías lo mismo y yo contestaba diferente, o no.

A la mañana me despertaba antes, para verte dormir al lado mio, para verte en el calor o en el frío, destapada o tapada, para verte con tus ojos cerrados y preguntarme que estabas soñando, si sería conmigo, o sería con la que conociste la semana anterior. Y me hacía ideas, de que era conmigo.

A la tarde, a cada minuto me contabas todo, yo estaba ahí para vos, vos estabas ahí para mi. Me contabas que estabas caminando, que cruzabas la calle, que veías personas, me recomendabas cosas. A la tarde me extrañabas.

A la tarde, a cada minuto esperaba algo de tu parte, porque el mundo se enlentecía si no tenía algo de vos, hasta que llegaba ese algo y me volvía el alma al cuerpo, junto con las sonrisas y las historias en mi cabeza. A la tarde nos hablábamos, y de vez en cuando me llamabas para contarme alguna historia o decirme un te extraño, o en alguna escasa ocasión, un te quiero.

Es la historia de dos, que de dos en dos y entre miles, se encontraron. Sí, nos encontraron las diferencias en el camino. Sí, le hiciste caso a tu experiencia y no a tu corazón. Sí, voy a seguir escribiendo para vos.

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