domingo, 10 de junio de 2012

Ojos cafés


La culpa es de uno
por esperar
y esperar
y esperar a que todo pase
a que la sintonía de sus ojos marrones
vuelvan a mirar los míos
que entre sus cegadas pestañas macizas
vuelven reiteradas veces a quererme comer
y me comen
lentamente como quiere tortura un alma en celo
y quedás solo
pensando en que pasará
que si la morocha de ojos cafés volverá
por el próximo exorcismo en alguna esquina
que quizá de nuestra incoherente
e incierta consola en donde tenemos el pensamiento
quiera que otra vez
ella
aparezca y nos coma
y nos analice
y nos intimide
y quedamos mirándonos
los unos con los otros
queriendo descifrar ese lenguaje de miradas
ese lenguaje de sensaciones
ese parecer de realidades
que quedan plasmadas
cuando en cada esquina
se nos cruza nuestra realidad.
Que queremos más y más
y más
que nuestro pálido rostro rutinero pide a gritos
más café
y en ese momento te acordas
la asocias
que cuando cerras tus ojos y sentís ese dulce y agrio aroma del café negro
que tenes entre tus manos
te acordas de esas mañanas cuando ella estaba a tu lado
que no hacía falta que algún bar desbaratado te conteniera del frío y la angustia
que la recordabas a diario
que la veías a diario.
Y veías sus ojos cafés
que te miraban con amor
que te amaban                                        
que te sacaban esa sonrisa mañanera y rutinaria
esa sonrisa que hoy no está. 

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