viernes, 27 de enero de 2012

Todo empieza con C

Tomo mi cabeza en las mañanas y no parece ser parte de mi, es como una cosa ovalada sin principio ni fin, que se deja caer entre mis manos preguntándome cosas... y no sé que contestar. Es un monologo continuo que se hace perezoso y tedioso escuchar, una caja de música, historias repetidas, cuentos, mentiras... es una caja de pandora con más que secretos adentro, más que vida, más que historias y más que mentiras.
Por las mañanas me pregunta cosas que las respondo a la tarde, cuando ya puedo pensar otra vez y dejar atrás el mal humor matinal. A comienzos de la tarde es su etapa ficticia, y no deja de fantasear, de hablar, de creer y no deja las historias de lado. Al anochecer es más madura, deja los cuentos infantiles de lado y se mentaliza que todo lo que hizo durante el día, ya no tiene cabos sueltos, porque la auto-analización viene integrada.
A la noche es un fastidio, no para de hablar, de cantar, es como si tuviera un infante sobre mis hombros, y me hace escribir cosas... cosas que siento y no quiero decir, me obliga a escribirlas. Me obliga a hablar y ser social, me obliga a ser dulce y tenaz.
Quiero otra cabeza.

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