miércoles, 13 de julio de 2011

Oro negro

Cierro los ojos y comienzo a sentir todo eso que una ves quise, los cierro y logro sentir extremo placer al saber decirle "si" o "no" a cosas cotidianas. El frío ya no duele, ya no siento las manos, ni los pies, pero no duele ni dolerán nunca más.
Pasé semanas enteras en un retiro espiritual en mi cuarto, mi morada dorada, mi castillo soñado, mi guarida única. Supe hacer todo, cada uno de los pensamientos fue positivo, no deje nada negativo dentro de mi; cada día tuve una catarsis diferente, y cada una menos coherente que la otra. Mis matutinos saludos al sol crecieron enormemente, ahora que ya no estas acá adentro.
Pasé semanas enteras sin escribir ni una palabra, por no querer confrontar el miedo a saber que podrías volver, pero ahora me siento uno, me siento uno escribiendo, volví a ser yo. Y es que cierro los ojos y veo la unión de las letras formando palabras y me recuerda a cada una de las pinceladas en un vacío lienzo, me recuerda todas y cada una de las formas de ser y estar, me trae cada verso, cada estrofa, me trae todo eso que me gusta, todo eso que se le dice paz.

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