lunes, 18 de julio de 2011

13:43 hs.

Nunca entendí la complicada historia de los relojes de aguja, todos esos números mezclados y sincronizados, pera marcar alguna loca hora de tu día, nunca entendí todo eso. Aunque alguna vez quise saber que se sentía saber ese tonto lenguaje de números, he intenté aprenderlos, pero no tuve mucho éxito.
De todas formas me dijeron que eran las 13:43 hs. lo cual supuse que estaba bien. Supuse que podría ser una buena hora para tener los pensamientos ordenados y organizados, para luego darle marcha libre a mis acciones y quizá... detener el tiempo.
Es que todos los días mas o menos a las 13.43 hs. mi tonta rutina de hacer pasar una tarde más sin nada que hacer, se volvía tan asquerosa como tener que limpiar babosas; todo era en torno a esta rutina, tan asquerosa como hermosa.
Pero fue un lunes a las 13.43 hs. uno de esos lunes que parecen un domingo, que te recuerdan a un suicidio en masa, un lunes aburrido y doloroso, fue un lunes cuando dije "Que idiota soy". Y torné mi tonta rutina en una filosófica tarde de preguntas sin ninguna respuesta, torné mi día entero preguntándome que debía hacer, si dar el sí o dar el tan deseado no.

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