lunes, 27 de junio de 2011

Simplemente... ya no queda nada.

Hoy pensaba... pensaba en mi, y también un poco en ti. Pensaba en las vueltas que da la vida, las que dan nuestras vidas; juntas aparecen, solitarias desaparecen. ¿Te has dado cuenta, el brillo que le da noche a nosotras? Nos da todo eso que con palabras jamás llegamos; nos da una brisa apegada a una sonrisa, acompañada de una corazonada que tiene ganas de cantar.
No es común en mi tener ganas de verte, de volver a verte; no es común que quiera abrazarte, como en aquellos inviernos plagados de noches borrachas; hoy quiero verte, para saber que ya no estás.
Parece simple imaginarlo ¿verdad? Pero cuesta más creerlo; creer que creo que te quiero, un poquito nada más; creer que ya no te extraño, y creer que creo que te he olvidado, un poquito nada más.
Es que cuando volviste, corazón, yo no supe que hacer, nunca se. Volviste como cada otoño, que se sabe que viene después de un verano; volviste a subir, como el aire caliente y bajaste desplomada por el suelo, como una hoja marchita de árbol otoñal. Te fuiste sin rumbo ni inspiración, caíste bajo, más bajo que el infierno, pero subiste alto, más alto que el cielo, más que el paraíso.
Y ahora estas en tu etapa media, en tu media luna azul de fuerza verde, en tu mente loca y anaranjada, ahora estas, mi amor, acorazada a otro viejo amor, a otra vieja tortura; ahora, mi querida, te has quedado sin nada, sin mi, sin ella, sin tus palabras... ¡tus hermosas palabras! Siempre tan oportunas para cada situación.
Hoy creo que te hablo, sólo un poquito, para comentarte simplemente, que no hay represalias, no hay rencores, no hay nostalgias, simplemente... ya no queda nada.

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