viernes, 1 de abril de 2011

Felices, eramos antes.

Recordemos, planteémonos un día feliz para cada uno.
Puede ser uno lluvioso y tormentoso o quizá con calor, también alguna vacación siempre nos llena de alegría.
Para mi, hoy un día feliz es un domingo a la mañana, cuando todos recién despiertan y no se ve ni un alma en la calle. Salir a pasear por la calle desierta, sentarme en la vereda y observar cada detalle de cada casa; pararme frente a la mía y mirarla con distintos ojos. Luego, con el transcurrir del tiempo, ver familias enteras desfilar a quien sabe donde; esperar ansiosa a que mi familia despierte, para hacer juntos otro domingo de feria. Llegar a ese paraíso de colores, olores y gente, disfrutar de cada segundo en la verdulería, observar a cada persona con inocencia en los ojos.
Si es invierno, volver y disfrutar una tarde familiar con mate, la estufa prendida, algún que otro bizcochuelo y hablando de alguna vecina loca que decidió teñirse el pelo. Si es verano, estar afuera con las plantas, todos juntos intentando plantar, sabiendo que nadie es ningún experto en la materia. Salir a pasear, recorrer mi país y el extranjero, hablar de todos y de nosotros, o simplemente estar.
Días felices eran los de antes, cuando se podía hacer todo y nada al mismo tiempo. Felices eramos antes, cuando todo estaba bien, cuando todo estaba mejor, cuando todo era amor.

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