miércoles, 16 de febrero de 2011

Dedicado a ella.

En estos tiempos me pongo melancólica y comienzo a recordar, y en unos de esos recuerdos, de esas historias para contar, está ella.
Primer recuerdo, primer encuentro, primera vez de verla. Se podía apreciar que no era como las demás, se distinguía por sobre todo. Por más que no la conocía, tenía algo que me atraía a hacerlo.
Meses después, acá me encuentro, dedicándole algo, para que sienta algo. Algo lindo, para hacerla sonreír.
Ella es eso que no se encuentra todos los días, es diferente, es todo. Es peculiarmente interesante, es rara pero a su ves igual a todos, tiene esa chispa de algo que a todos les falta, tiene algo.
Es tan única como una flor en el desierto, como una solución en el abismo. Se compara con las flores, sólo que ella siempre está florecida, ella es flor de noche y flor de día. Es la flor del medio día, es la flor de otoño.
Esta flor me habla, me salva, me divierte, me entretiene, me hace olvidar y me hace recordar. Somos tan parecidas que parece increíble; con ella puedo hablar eternamente de lo mismo y nunca aburrirme. Es tanto como yo, es tanto como ella, es tanto como todos, pero aún más.
Me pregunto que otros secretos tendrá escondidos dentro de su melena oscura, que otros misterios gritan sus ojos, que otra solución estará buscando su corazón. Ella es flor, flor de las 24 horas, de los 356 días, de cada estación del año.
Algunas veces es flor marchita, tiene un invierno escondido dentro de sí, pero sigue siendo igual. He intentado sembrar una primavera dentro de ella, para que no llore más, he intentado ahogar sus llantos con risas y sus penas con rumbas.

Porque ella… es ella.

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